30 jun. 2009

Vada

Hoy desperté feliz. Y es que no hay razones para no ser feliz; hasta que veo las noticias o escucho la radio, algo así como Mafalda, ¿se acuerdan? Igual, la felicidad sigue presente, y es que hasta hace unos días estaba bastante bajoneada y andaba como perro con Moquillo. (No estaba enferma, pero, ¿han visto alguna vez a un perro con Moquillo?) Pues bien, estaba así, y de paso nadie me soportaba –incluso yo-. Pasaron los días, y me puse feliz de nuevo, y pues, tengo razones para estarlo, pero no es sobre esas razones que escribo ahora.
Estoy intentando conectarme a Internet, pero me sale que no puedo. He estado teniendo este tipo de problemas con mi servidor desde hace unos 10 días, y ya me cansé… digo yo; ¿hasta dónde dependemos de la tecnología?, ¿hasta dónde dependo yo del Internet? Y me asombra la respuesta, porque creo que no podría vivir sin Internet… buaaa me entristece (pero no me quita la felicidad). Pasa, queridos, que todas las tecnologías se han vuelto males necesarios, todo para ir junto con la evolución y para ser mejores y más poderosos… desde tener cierto estatus o demostrar a la masa que “yo tengo Internet y un teléfono celular de última generación y tú no”. Wácala, ¿¿no?? Ay carajo, entonces la tristeza comienza a invadirme, pero no, no. Estoy feliz, no debo concentrarme en lo que unos tienen y otros no.
Quisiera ser como mi sobrino de tres años recién cumplidos. Él se llama Álvaro Ignacio, nació en mayo de 2006, y es, -de lejos- el infante más amado que pisa la faz de la Tierra. Tengo cinco sobrinas mayores que él (y es que somos seis herman@s), cinco bellas y un bello. ¡Uh! Atorrancia <- nueva palabra. Como decía, tengo cinco sobrinas que oscilan entre los doce y seis años, y luego viene Álvaro Ignacio, más conocido como “Vada” (yo se lo digo, y solamente él y yo sabemos lo que significa) y pues, es mi sol. ¡Ese niño es mi sol! Es como quiero que sean mis hijos, -o mi hijo- porque sépalo usted lector, que yo tendré un hijo como mi primogénito. Un niño, un hombrecito. Es una certeza. Ya, continúo. El asunto, es que esta mañana me fui a caminar por el condominio con mi Vada. Estaba disfrazado con su traje de El Hombre Araña que no se lo quita NUNCA y pues se puso a cantar: “todos los bichos están selectidos” y le pregunté si no eran: “selectivos” y me dijo que no, que son “selectidos”. Ya.
¿Qué significará selectidos? No lo sé, pero muero por saber, porque estoy segura de que en la mente de mi Vada, selectidos tiene un significado por demás interesante.
Yo quiero volver a tener tres años. Quiero poder darle significado a todas las palabras, y, -tener la virtud- de inventarme cancioncitas que alegren más mi día. Quiero poder ser capaz de que me interese más ser una princesa medieval y jugar eternamente con mi imaginación. Quiero no tener que preocuparme por lo que pasó, por lo que pasa o por lo que pasará. Quiero tener tres años.
Tal vez tenga que ver con que tengo una conexión cósmica con Vada, una conexión que no se dio con ninguna de mis otras sobrinas y que tampoco se dará con el sobrino mío que nace en septiembre (el hermanito de Vada). Me duele mucho pensar que no estaré a su lado cuando éste nazca, cuando le vengan los ataques de celos hacia ese nuevo integrante a la familia. Vada, mi Vada… tan solito y vulnerable.
Bueh; sigo feliz. Tal vez porque Vada me hace feliz, tal vez porque dentro de poco me traslado de ciudad, o tal vez porque simplemente estoy viva.
Me voy, tengo que ver “en qué anda mi Vada”.

PD: (volvió Internet), me puse feliz (más).

28 jun. 2009

Hoy

Valeria está un poco ebria. Ha tomado ya cuatro vasos de whisky, y unas seis latas de cerveza. Tiene fama de resistir mucho alcohol, es por eso que todavía no ha tenido nauseas ni ha hecho nada vergonzoso, salvo coquetear con Jorge, quién la mira desde el otro lado de la sala.
Cuando se sirve el quinto whisky, las palabras se entremezclan con sonidos de beodo, pero ni se inmuta; a unos metros ve a Tico y a Mario que fuman mariguana, decide unírseles, pero entre bromista y seria les pregunta si no tienen algo más fuerte. Los chicos se miran, le preguntan ¿algo fuerte como qué? Y ella simplemente hace la típica emulación de cómo inhalar cocaína. Sonríen; los tres se van a un lugar más apartado. No queda mucha gente en la casa, salvo ellos tres, más Jorge, Federico, un gringo que se llama Jan y dos chicas borrachísimas que cantan karaoke.
En la cocina –donde preparan las líneas-, Tico tararea la música estridente de los parlantes, mientras que Mario acribilla con recomendaciones a Valeria sobre qué hacer si se excede, qué hacer si le falta aire, que si lo hizo antes, que si le hace a cosas más fuertes, qué quién es su dealer y demás.
Valeria contesta con monosílabos; está excitadísima porque solamente probó coca una vez en su vida, hace varios años. La experiencia le encantó, pero por una serie de eventos, se alejó de todo tipo de drogas y hace unos meses ha vuelto al opio, mariguana, algunos ácidos y hace dos semanas al éxtasis.
Tico le pasa la bandeja a Valeria, junto a ella está el tubo de vidrio, comprado en Buenos Aires que se trajo de su último viaje a esa ciudad. Valeria vacila un momento, coge su pelo y lo amarra en una cola grande hacia un lado, se agacha, sonríe solícitamente y comienza a inhalar una a una las tres líneas ofrecidas. Mario la mira extrañado, cree que Valeria es demasiado amateur para tanta dosis.
Valeria se hecha en el piso frío. La música se escucha lejana, pero los bajos son fuertes… alucina, grita y ríe, está atenta. Se para y va directamente donde Jorge, que ahora está bailando con las minas que cantan “Love Hurts” a todo pulmón. Lo toma por la nuca, lo besa, abre su boca y su lengua bifurcada recorre los recovecos de la boca de Jorge, continúa por la laringe. Una parte de la lengua se mete entre los pulmones y la otra recorre el intestino delgado, mientras que en ese mismo instante Jorge explota en un orgasmo inevitable, sin siquiera haber tocado a Valeria, el beso es suficiente. Valeria deja de besarlo, nota la embarazosa situación de Jorge, ríe como loca, lo toma de la mano y lo lleva al baño de visitas. Dentro, Jorge descubre a Valeria, la besa en toda la piel llana, la masturba, intenta que Valeria lo bese de nuevo, pero esta vez no hay bifurcación de lengua ni mucho menos orgasmo; ésta vez Valeria espera que Jorge haga lo suyo, pero de un momento a otro se molesta, le da un beso suave en los labios y sale del baño.
En la cocina; Tico y Mario ya han jalado como cinco líneas cada uno, están inmersos en una conversación sobre la eutanasia en bebés prematuros, uno defiende la misma, el otro la amonesta. Sexta línea, Mario no la acepta. Tico está más eufórico y ahora, a la charla de la eutanasia, le añade derechos de los cactus de ser tratados como flores y no como plantas salvajes que creces solamente en desiertos. Defiende su punto de vista con tanta firmeza, que las venas de la frente parecen detonarle.
Mario sale de la cocina y se sirve un trago. ¿Vodka? ¿Singani? ¿Tequila? No sabe qué es exactamente lo que hay, pero está en una jarra con hielos derretidos y varios limones encima. Prueba y se da cuenta que es Singani. Jan, (el gringo) ha visto todo, y dice: “hey man, can I have some lines too”? No, no puedes porque se acabaron y además que mierdas haces vos acá, ¿no que te tenías que ir? Ahh, ya sé, es por tu puta esa que sigue cantando, pues váyanse de una vez que no quiero a nadie en mi casa.
Federico y Jorge se miran, deciden irse, aunque Jorge quiere quedarse, pero si lo hace tendrá que irse a su casa caminando porque Federico no piensa recogerlo después… entonces deciden irse, él, Federico, Jan y las minitas karaokeras que no entienden por qué se van.
En la cocina se encuentra Tico, blasfemando hacia la vida y hacia las infamias sociales.
En el bar está Valeria, abriendo una botella de Mezcal que el papá de Mario se trajo desde Puebla, México. Toma un shot y comienza a vomitar. Mario, -lejos de ayudarla- la insulta por ser tan estúpida y fresca al atreverse a abrir una de las botellas de su papá, cuando el trato era ese: “no meterse con los tragos de mi papá”. Valeria le pide disculpas, va gateando al baño, agachada, con el pantalón y la solera casi saliéndosele. Mario mira a Valeria gatear. Escucha sus arcadas al vomitar en el baño de visitas. Ve cómo el cuerpo de Valeria forma un arco perfecto cada vez que le falta el aire y tiene que vomitar. La observa.
Se acerca y le pregunta si ya expelió todo. Ella afirma que sí. Mario la toma entre sus brazos y la lleva a la sala, la hecha en el sofá grande y le quita el pelo de la cara. Intenta besarla, pero le da asco toda la vomitada, entonces le quita el pantalón. Le acaricia las piernas y toca su pubis por encima de la ropa interior, lo frota. Valeria le retira la mano, pero Mario vuelve y esta vez aprieta la mano contra el pubis de ella. Se acerca y comienza a besar esa zona, luego a lamerla. Le quita los calzones con fuerza, Valeria no hace nada para impedirlo. Mario se pone cómodo y comienza a hacerle el amor con la lengua, Valeria apenas gime; mueve la cabeza de un lado al otro, lleva los brazos a la cabeza de Mario en un intento para que pare, pero éste no lo hace. Mario sube, toma fuerte a Valeria por los brazos y comienza a besarla, Valeria reacciona y lo besa también. Se quitan la ropa y Mario la monta. Valeria apenas reacciona, está disfrutando del momento, su cuerpo físico está ahí, pero al mismo tiempo está a millones de kilómetros de ella.
A la postre, Tico entra a la sala y los ve en el acto, trata de no exaltarse. Mira los movimientos salvajes de su amigo sobre Valeria, esta yace inconsciente y no emite sonido alguno. Mario termina, se levanta y le indica a Tico que es su turno. Tico niega con la cabeza. Solamente mira a Valeria y alucina con playas que no existen.
Tres líneas después, Mario vuelve a violar a Valeria, esta vez termina encima de su vientre, en sus pechos y en su cara. Tico decide intentarlo una vez (siempre le gustó Valeria) ¡“pero es que es muy puta, ya se ha tirado a medio curso”!
La monta. Comienza moverse y siente que Valeria despierta, entonces para. Intenta bajarse, pero Valeria lo detiene con sus brazos, lo lleva hacia su cara, lo lame entero, y le dice algo al oído. Tico la mira solamente, y termina. Se levanta y se mete al baño.
Mario le ofrece otra línea a Valeria, esta le dice que no gracias. Busca su ropa en el piso, se levanta llena fluidos y se va a la planta alta -sin pedir permiso-, se encierra en un baño donde se enjuaga las partes ultrajadas, pero al final decide tomar una ducha porque tiene vómito –o semen- en el pelo. Deja de la ducha, se viste y baja. Sale de la casa no sin antes decir: “chao Marito, nos vemos el lunes”.
Mario y Tico se quedan tirados en la alfombra de la sala. Huele a sexo y no del bueno. Mario dice sentirse raro, para él una violación representa dificultad, representa desafío y dolor.
Tico no dice nada. Luego, éste mira fijo a Mario y le pregunta que porqué carajos le contó a Valeria que él era precoz. Mario se revienta de la risa y responde que todos saben que él, (Tico) es precoz.
_T. Ya Mario. Todos saben que soy precoz. ¿Y todos saben que te coges a tu prima, la que es retardada?
_M. No, eso lo sabes solamente tú.
_T. Ahora no sé pues, ahora no sé quién más podrá llegar a saber Mario.
_M. Cállate cabrón, porque si vos dices algo de lo de mi prima, yo cuento lo de la hermana del Federico, la desvirgas y ni la llamas, ¿qué tal esa?
_T. (Riendo). Verdad. Estamos en las mismas.
_M. Sí, en el mismo basurero.
_T. Igual no entiendo porqué vas y cuentas mis cosas, huevón.

Silencio.

_M. ¿Quieres coger?
_T. ¿Qué?
_M. Que si quieres coger.
_T. Puta, no sé, ya quedamos en que no.
_M. Bueno, está bien si no quieres.
_T. No, pues sí quiero, pero entonces ya no jodas más con lo de precoz.
_M. Vale, ¿vamos a mi cuarto?
_T. Vamos.

24 jun. 2009

Sinestesia

Cuando estaba azul se notaba a leguas, era una suerte de luz cegadora, más o menos como cuando uno se imagina la muerte, pero pues, nada que ver con eso, era como una intensidad pacificadora que traspasaba esquemas y entendimientos.

Cuando estaba amarilla, irradiaba seguridad y fuerza; le gustaba estar amarilla, pero prefería estar azul.

Cuando estaba anaranjada, estaba apesadumbrada por algún proyecto no claro, pero no perdía la línea divisoria entre estar bien y estar mal; le gustaba estar anaranjada, porque muchas veces podía escribir rápido y sin pensar y paría cosas decentes.

Cuando estaba verde, estaba fuera de sí. Lo único que quería era pasar de incógnito entre la gente, camuflarse como una hormiga entre el pasto, solo que ella era una humana en la Tierra.

Cuando estaba café se sentía sensual, estaba totalmente entregada a la fascinación que le despertaba el hecho de ser mujer, el hecho de saber que en ella se podían engendrar retoños y que tenía la capacidad de que mil amantes sucumbieran dentro de ella.

Cuando estaba celeste estaba benévola. Sentía que todos merecían una oportunidad para ser amados, perdonados y cuidados, “hayan hecho lo que hayan hecho”, -enfatizaba-.

Cuando estaba roja, estaba dolida, estaba vengativa y amarga, estaba dolida con todo el derredor que la miraba o intentaba ayudarla, hablarle, aconsejarle.

Cuando estaba negra, estaba puta. Nunca me explicó a qué se refería con puta, si puta “puta” de ser una puta, o puta perra, entendida en otro contexto meramente personal.

Cuando estaba blanca... no, me dijo que nunca se sintió blanca.

Cuando estaba ploma, estaba filosófica, decía sentirse superior a Nietzsche y Heráclito, era mejor que ellos, (decía).

Cuando estaba lila estaba consciente de todo, pero ¿qué era todo? Se hacía a la chiflada y nada, permanecía lila, sabiendo lo que pasaba sin quererlo saber.

Cuando estaba rosada se sentía estúpida. A veces era por la ligación de ese color con factores humanos tales como “enamorarse”, “querer” o incluso amar, sin embargo, creo que cuando está rosada se queda callada y nadie sabe nada; ni ella ni yo.

Ahora me confiesa que se siente mostaza... ¿cómo es sentirse mostaza? Y me responde que ni ella lo sabe, que cuando lo sepa me llamará y me concederá otra charla para que al fin pueda escribir sobre cómo es sentirse mostaza. Y le pregunto: ¿Como qué otros colores más te has sentido? Se queda mirando el piso y me dice: “muchos, solamente que no me siento sólo como los colores, sino que a veces los escucho, a veces los siento a mi lado, a veces los veo o a veces soy uno. Si te he contado sobre lo que me pasa ahora, y he decidido compartir solamente unos cuantos colores contigo, pues aguanta hasta que decodifique primero el mostaza y luego el resto; desde los que me visitan, los que me hablan, hasta los que siento, ¿vale?”

Vale, le digo. Y se va.

21 jun. 2009

Querido Wolfango: (tres)

¡ERES UN HIJO DE PUTA!
¡Nunca me dijiste que habría este tipo de ataques toda vez que decidiera escribirte!
¡Nunca mencionaste que la tortilla se daría la vuelta!
Solamente tenía que ser una niña buena, una niña obediente… ¡¿no lo fui Wolfango?! ¡Te juro que al menos sí tenía la intención!
Vamos a obviar esas tres semanas Wolfango, para que no caiga en lo que sabemos… vamos a obviar los sucesos drásticos y trágicos para concentrarnos en mi salud mental, ¿estamos?
No me han ayudado (las drogas). No.
No me ha ayudado, no. Tampoco.
No, no y no.
Ella, ella a veces… la última vez que fui sí me ayudó, pero ya sabes, dice todo lo que quiero escuchar… entonces me he sentido sola. ¡No me interrumpas Wolfango!
Basta… estoy bastante molesta, no voy a salir con la zalamería de “nadie me entiende”, eso ya lo sabemos hace tiempo. Toca no más que me vaya a la perrera municipal a esperar mi muerte pacífica (o a palazos), pero al fin y al cabo entre los perros y las perras y observar sus orgías perrunas. Sí, Wolfango, sigo con el complejo canino… y peor ahora que me andan reconociendo en algunos lugares.
¿Entonces ahora entiendes porqué eres un hijo de puta? ¡Eres un hijo de puta porque no te da la gana de ayudarme cuando dices que vas a hacerlo! ¡Hijo de puta al cubo, maldito cabrón!
Vale, ya terminé por ahora. Huevón.

19 jun. 2009

Apología a las plagas

¡Auxilio! ¡Ayuda!, ten, ten, lleva la comida a un recoveco protegido, lleva también a las larvas y a los pelos.
¡Apúrense! ¡Dejen a los viejos, ya no se puede hacer nada por ellos! ¿Qué? ¡No me importa que estén llorando!
¿Ya llevaron las vituallas a mejor recaudo? ¿Más o menos cuántos gramos son? ¿Qué?
No, pues la verdad es que no sé. Dijeron que eran dos tipos, pero al final los del túnel C afirmaron que eran tres, o cuatro… ahorita la cantidad de tipos no importa, hay no más que entrar en pánico. Lo que me huevea es que invertimos tanto tiempo en hacer los simulacros; ¡y hoy que pasa de verdad, todos parecen idiotas! ¡Ya sabía yo que no debía de meterme a estos hueveos politiqueros! ¡Y menos en este puto túnel! No, no, no es contigo el problema, ni con mis superiores o los tarados que tengo por debajo, lo que pasa es que en este túnel ¡hay demasiada desorganización! Aquí entre nos, debería volver a haber una masacre como la del ’97, o mejor aún, como la de 2006. ¡No! No soy una dictadora, pero es que, shhh ¡déjame hablar, idiota! Pero es que la vez del ’97, aunque no habíamos nacido, y mucho menos la vez de 2006, donde tampoco habíamos nacido, los líderes tenían eso: capacidad de liderazgo. ¿Yo? ¡Yo sí soy una líder! Lo que pasa es que tengo que ser blanda porque sino el túnel se me rebela, ¿y qué carajos se supone que hago en ese momento? No. Yo creo vehementemente no más que un Santisteban y un Rojo harían maravillas en este túnel… y no sigas con lo mismo, ¡no soy una dictadora! ¿Qué no te das cuenta del pánico? Ya han mil larvas muertas, ¿no sientes el olor? Es fuerte… ¡es el narcótico más fuerte de todos!

Un, dos, tres.
Cien, doscientos, trescientos.
Mil, dos mil, tres mil.
Cien mil, doscientos mil, trescientos mil.
Un millón, dos millones, tres millones.
¿Todos muertos?
Sí, todos muertos.
Ya. Seguimos vivos, huevón. Vamos a reproducirnos y a formar una nueva colonia… esta nueva colonia no va a saber de Santisteban ni de Rojo. Ésta colonia va a saber solamente de ti y de mi. ¿Te parece? Ya, con eso lo afirmas… por lo menos nos salvamos… sí, nos salvamos.

*Oda a las garrapatas muertas esta mañana en mi casa.
Fueron cruelmente asesinadas por esos fumigadores detestables. No sé exactamente cuántas murieron, solamente sé que dos sobrevivieron. La tirana y su novio. Sí, la tirana y su novio.

18 jun. 2009

No me basta

_¿Mi amor?
_Sí... mi vida.
_Si sabés que no haremos el amor jamás; ¿por qué estás a mi lado?
_Porque te amo, mi cielo, porque te amo.
_¿Me amas?, ¿por qué?, si no quiero tocarte, no me nace besarte, no deseo acogerte; me das asco.
_Aún así cariño, te amo y eso es todo lo que importa.
_Es porque tenés otra, ¿no?
_No, hermosa, no necesito otra, con amarte me basta.
_¿Y te sobra?
_Me basta y me sobra con amarte.
_A mí no, así es que empacá tus cosas y largate.



*Nota. Este cuento, por más que deseara que fuese mío, -no lo es-. Lo escribió una escritora boliviana; se llama Paola Senseve Tejada y ganó el II Premio Nacional de cuentos. Espero que si llega a verlo ella o alguien que la conozca publicado en mi blog, no me demande!!! XD en todo caso, siempre aclaro cuando no son cosas mías; hoy no es la excepción.

*Nota dos: para familiarizarce enteramente con el cuento, deben leerlo tal y como está, respetando los acentos (que no son respetados por la Real Academia), pero que es así como se habla (con ese acento peculiar), en gran parte de Bolivia.

14 jun. 2009

¿Qué hacemos acá?

Dicen que entre una camada de cachorritos siempre nace uno débil y –eventualmente muere-, sea éste aplastado por la madre (por la naturaleza sabia que incita a la misma a hacerlo porque –sabe- que el cachorro no tiene posibilidades), o bien el perrito termina muriendo de hambre y/o de frío porque éste es rechazado por la progenitora.
A veces llegan a sobrevivir un par de días, pero el calostro (primera leche llena de nutrientes, -indispensable para su supervivencia-, no abastece para todos), y menos para éste o ésta marginada cachorra, entonces, -muere-.
Esto ocurre en miles de especies animales, pero la vemos más comúnmente en perros y en gatos.

Mientras más animales nazcan, hay una tasa más alta de muertes. Imaginemos que nacemos en una camada de perros, somos tú o yo más 8 hermanitos, el panorama está claro, alguien va a morir.

¿Pasa esto también en la raza Humana? Digamos que no.
Hay embarazos de gemelos, trillizos, cuatrillizos, sextillizos, octillizos y –maravillaos- no sé dónde sé, pero hay un caso aislado donde han nacido nueve niños vivos de una misma madre un mismo día. Los niños, oscilaban entre 500 a 900 gramos, midieron entre 16 a 22 cts. ¡Toda una proeza médica y humana!
Claro que aún no sabemos cómo será el desarrollo físico, emocional y cognoscitivo de estos pequeños bebés, puesto que el parto fue adelantado varias semanas y los bebés estuvieron bajo luces tibias que los empollaban durante más de cinco meses (creo que ni cinco meses tienen), así que comienzo a suponer cómo ha sido el desarrollo de éstos bebés.

Además de las luces empolladoras, han sido –todos- sometidos a inyecciones de vitaminas y X compuestos para el desarrollo de sus pulmones, tejidos, cerebro y demás organitos.
Imagino que si se los ve de cerca, son una suerte de bebés semi albinos, diminutos y hasta medio monstruosos, así transparentoides y tan frágiles que ni sus padres deben querer tocarlos, por miedo a que se les hunda la piel y las venitas verdes se revienten.

Ya sabemos –o espero que sepan- que hay más de 3 casos de bebés octillizos que han vivido y que ahora gozan de excelente salud y que se desarrollan como cualquier niño. Un claro ejemplo son esta camada humana de bebés coreanos con yanqui (me suena a algo así como Chiwawa con Sharpei). Ocho niños que nacieron por inseminación… ahh no, ¡carajo! Me acabo de acordar que en realidad son seis, pero que antes de ellos nacieron un par de gemelas, entonces por eso el programa se llama: “Jon & Kate plus 8”. Pues sí, es sobre esta parejita que tiene a sus ocho críos y se los muestra en “situaciones cotidianas” con los ocho críos. Pues bien, a donde apunto es a que hay casos –mundialmente reconocidos- de octillizos, septillizos, sextillizos y los demás “izos” que andan vivos y felices en la vida; claro que cuando comenzaron a darse este tipo de embarazos perrunos, los doctores sabiamente aconsejaban a los padres de hacer “una intervención” y remover a unos dos o tres embriones para que el resto tuviera campo. Entonces, a través de un aborto “justificado” se extraía a tres embriones y los otros cinco, o cuatro quedaban libres del trauma abortístico y llegaba a término.
La medicina mejora cada día, entonces hay parejas que toman el riesgo de traer al mundo a la camada completa, sin escatimar riesgos. Solamente se enfocan en el bienestar de sus bebés y en la “fama” que éstos traen bajo el brazo. Ohh, error mío, no tengo que poner juicios de valor, lo sé.
Ya. Entonces la camada humana nace, viven, los ayudan los primeros meses con inyecciones de vitaminas, sueros milagrosos, máquinas empolladoras y mil medios masivos preocupados por el bienestar de los conejos, digo los bebés.

¿Y qué hay de los bebés que nacen solitos? ¿De los que jamás tuvieron embrión compañero al lado? ¿De aquellos marginados que sí tienen hermanos mayores y/o menores, pero que estuvieron solitos desde el principio? ¿Qué hay con ellos?
Pues bien, la mayoría somos de esos… no pertenecemos a la camada humana, como los célebres nuevillizos, octillizos y demás, pero al fin y al cabo nacimos y estamos acá por algo, ¿verdad?
FALSO. Yo, personalmente, no sé para qué estamos acá, yo preferiría estar allá.
Ahorrarme toda la lata de estar viva, de tener que hacer cosas “buenas” y de ser una persona decente y una profesional excelente, más adelante ser una mamá modelo y luego una esposa formidable ¡y después! ¿Y después qué? Al final, ¿qué carajos se supone que tenemos que hacer? No nacimos con el manual de instrucciones. Aún así hay seres humanos y “seres humanos”. ¿No? ¿Dónde te catalogas tú? Yo no tengo idea de dónde pertenezco yo. Probablemente nunca me lo responda y, la verdad, tampoco tengo ganas de matarme los sesos y continuar con lo mismo… lo mismo… mismas preguntas, mismas respuestas, y al final todo se resume a ese hueco que queda en la panza de… ¿qué hacemos acá?

13 jun. 2009

Yo - versión 16.09

Si digo que te necesito es eso: te necesito.

Si digo que te odio, no es eso, es que –generalmente- te quiero.

Si digo que vengas, que quiero verte, es eso: quiero que vengas y quiero verte.

Si pongo excusas por no poder verte, es porque realmente no quiero verte.

Si te pido que me entiendas es con la finalidad propia de que me entiendas, pero ambos sabemos que en el fondo no vas a entenderme, lo que le añade más dramatismo al asunto.

Si te digo que te amo, a veces solamente quiero decir que te quiero, aunque la mayoría de veces, realmente te amo, pero, te amo, "amo", no quiero.

Si te digo que estoy deprimida, es porque estoy deprimida y solamente necesito un abrazo. Las palabras en esta situación están demás.

Si aparece uno de mis ataques neuróticos, es mejor que te vayas, ya sabemos cómo me pongo. Aunque en el fondo desearía que no te fueras y que soportaras un ataque a mi lado, para que sepas que no exagero y que por más bipolar me torne el ataque, siempre termino asintiendo con la cara que tienes razón en la mayoría de las cosas, pero que por tu pánico a los ataques no lo logras ver, entonces termino asintiendo dichas obviedades en la más recóndita soledad que me caracteriza.

Si te digo que tengo un carácter de mierda y lo confirmo con mis actitudes, solamente espero que lo tomes como un vestigio de mis ataques neuróticos, aunque la mayoría de las veces sea mucho por asimilar.

Si cuestiono todo lo que dices, sientes, haces, piensas y concluyes, solamente espero que sigas en el tren de darme el beneficio de la duda y esperes a que pase la tormenta, pa’ que al fin llegue la calma y todo sea como antes.

Si te pido que seas menos absoluto con tus opiniones, es porque estoy al borde de uno de los ataques, entonces te pido que pienses antes de lanzarme uno de tus dardos que bien merecidos los tengo pero que, quizá no los disparas en el momento adecuado.

Si te hago preguntas tontas como: “¿me quieres?” tómalas como tal, y responde como sabes que espero que respondas, por más “cabreado” que éstas preguntas te pongan.

Si te pido que me entiendas y que me quieras como soy: entiéndeme y quiéreme como soy.

11 jun. 2009

Cobayos Universales

Vamos por partes.
Algunos mortales creen que son inmortales, entonces cometen actos de trascendencia positiva para sus vidas.
Otros creen que la vida no tiene sentido, entonces terminan encerrados en algún sótano imaginario y deciden ignorar y ser ignorados.
Hay aquellos que simplemente viven porque les toca vivir; no saben qué les concede el futuro ni tampoco les importa, pero tienen que vivir, puesto que –seguramente- hay alguna razón que justifique tal hecho.
Mencionemos también a aquellos que por cuestiones existenciales –fuera de mi compresión-, flagelan lo lindo de la vida. Apedrean a aquellos que no deberían ser apedreados y denigran a los que no deberían ser denigrados (generalmente).
Hay algunos bravos que toman la vida por las astas, que consiguen lo que quieren sin justificar ni disputar los medios para la obtención de lo requerido, pero que por más viles que resulten estos individuos, son reconocidos por haber logrado “algo”.
Hay también mujeres que nacen en cuerpos de hombres y hombres que nacen en cuerpos de mujeres, hay también cadáveres que deambulan por las calles, pero que, -en realidad-, corresponden al Limbo o al “Más Allá”, y sin una explicación afín, los vemos en el “Más Acá”.
Hay hombres buenos y hombres malos –nótese la ambigüedad de esta afirmación, porque tú, querido lector/a no sabes qué es lo que considero yo bueno y qué malo-. Hay mujeres buenas y malas también.
Hay banqueros, trapecistas, veterinarios y abogados. Empresarios que terminan trabajando como trapecistas y abogados que en el fondo siempre quisieron ser chefs.
Hay dentistas que siempre quisieron ser bailarines, hay abortistas que siempre quisieron ser padres, hay estudiantes que no quieren ser nada y hay nadadores olímpicos que siempre quisieron ser surfistas. Hay enfermeras que siempre quisieron ser doctoras, o comunicadoras que siempre quisieron ser secretarias.
Hay profesores que nunca quisieron enseñar, hay doctores que siempre quisieron curar.
En éste mundo somos todos los conejillos de indias de Dios. El mundo es, de alguna manera, un inmenso laberinto lleno de paredes que llevan a ningún lado y salidas que nos estancan. Está lleno de curvas truhanes y lleno de decisiones desacertadas.
En el mundo somos –solamente-, los putos títeres del Gran Arquitecto que falló en uno de sus más ambiciosos experimentos.

6 jun. 2009

Borrador (uno)

Ven, ven. Toca que sepas, toca que entiendas cómo funciona el mundo. No es como tú creías, el mundo no está desadaptado, la desadaptada eres tú.
Me baso en tu file, me baso en tu kardex, me baso en lo que quieras que me base. Sí, también me baso en las cartas no respondidas.
Siento no haber podido ser de gran ayuda cuando volvieron, pero es que toca que también te pongas en mis zapatos, ¿no?
Como sea, he visto que te has adueñado de mi formato (el de Papa Noel), que como vía de canalización es excelente, por lo tanto es pertinente que te hayas adueñado de él. Me alegra, pues creo que realmente te ayuda.
¿Cuál es el fin –mi fin- ahora? Shhh, no digas nada, supongo que sabes a qué me refiero, pero ciertamente no estoy de acuerdo.
No. Es mi sentencia, no esperes escuchar lo que quieres, he ahí una de las 10000 cepas de tus conflictos (de los inventados y de los reales). No todo es como quieres o como esperas, ya estás lista para desmembrar ese cuerpo, esa dermis, ese todo. Llámalo como quieras. ¡Muda de piel de una vez! Eventualmente no necesitarás de mí o de ellos, y al final terminarás sacando las lógicas conclusiones que hasta ahora subsistían inertes.
Ya, ya, te he hablado como tu cuasi mentor, como tu consejero vivaz, en el que siempre piensas y en que siempre has querido que sea. Ahora, es muy pronto para que desentrañes esto, en todo caso vete paso por paso (como Lucas en la escena familiar, en la piscina en Arica, ¿te acuerdas?) Sí, lo sé, pero no vayas a caer como él, porque si no tendríamos que recomenzar.
Entiendo si no quieres hablar, tu cara de mimo estrafalario –como si no me entendieras-, me lanza la indirecta inminente de lo que pasa por tu cabeza en este instante. No, ni la mires, además que no puedes disparar porque no está cargada, no soy tan huevón (no me gusta esa palabra, pero te hablo de una manera en que puedas entenderme).
Ahora sí. Cierra los ojos. El diván es cómodo ¿verdad? Estás relajada, ¿no? Ahora quiero que vayamos por escalones hasta llegar a la médula del asunto. Shh, no tiene que hablar.
Dime, ¿qué ves y dónde te encuentras? No hagas muecas. Te juro que en los locos de atar funciona, no veo porqué no podría funcionar contigo…