21 nov. 2011

Tres amantes y un venado



En su rincón intenta entrever lo que están haciendo. Por más que la música sea fuerte, las imágenes tienen sonido. Mira como levanta su gigante mano y cómo la golpea con firmeza sobre la mesa. Los vasos tiemblan, los platos vibran y los cubiertos resuenan. Ella se queda atónita, esperando -obediente- la envestida en su cara, en su cuerpo, o donde sea que hoy él desee golpearla. Son una, pero son dos. La que escucha música y oye las imágenes en una esquina, y la presente, la que recibe los golpes que ahora parecen ser indoloros.
Acaba la primera canción, y en los segundos donde comienza la otra, escucha el gruñido gutural del verdugo.


Piano.


Le cubre la boca con una mano y le golpea la cabeza con la otra, luego baja la mano que está en la boca hacia el cuello, lo presiona y la golpea bastante fuerte contra la pared. Eso, -seguro- le costará la vida que carga.

La del rincón sigue mirando y repara en ponerle el máximo de volumen al aparatejo reproductor de música, pero ahora las imágenes se oyen más fuertes.

Después de insultarla un rato, deja de presionar el frágil cuello de pájaro de la mujer y decide gritarle improperios en este mundo y en otros. Los insultos son pepitas de trigo que ella puede tragar sin darse cuenta, pero la del rincón resuelve hacer algo definitivo, no como antes, eso de golpearlo, correr e irse, sintiéndose luego -por breves instantes- la heroína de la otra y así resolviendo los verdaderos inconvenientes sólo un rato (como cuando escucha música, y todo es perfecto por breves minutos).


Pop.


Él decide parar con los insultos y continuar con la golpiza, y una vez que la mujer intenta defenderse, este la golpea con tal ímpetu que la mujer queda -por unos segundos- en un estado más bien cómodo.


Indie.


Se quita un audífono, luego el otro, mira a la mujer en el piso chorreando sangre, y decide salir del rincón, sin/con miedo y desafiar al bárbaro.

Él la mira, ella lo mira. Decide ponerse los audífonos de nuevo, con tal de evitar escuchar sus propios gritos y resuelve en sacar el cuchillito para carne de venado que tienen por ahí. El hombre la mira, expectante, moviendo el cuerpo de la otra de la futura escena del crimen y toma asiento en una silla de madera.

Con toda su fuerza corre hacia el hombre, y este se para y la golpea antes de que ella siquiera se dé cuenta. El cuchillo para carne de venado desaparece enterrado en la propia pierna de ella. Cae maltrecha, malherida, humillada y triste. El hombre la golpea brutalmente hasta que se cansa, dejándola entre el sublime cruce de inconciencia y la locura.

La mujer intenta levantarse, pero antes de poder hacerlo, el hombre la pega en el vientre, dejándola en el piso como un ovillo, protegiendo a su descendencia, que ya no está.

La otra proyecta ver el túnel con luz al final del que tanto le han hablado sus amigos sucumbidos y cree estar por llegar al final, pero la música, -esta vez piano con acordeón- la despiertan de  su casi muerte. Pretende no despertar. Siente un dolor agudo en el muslo derecho. “El cuchillo para carne de venado” -piensa-.

El hombre comienza a llorar sentado en su silla, toma agua de una jarra que se convierte sola en cómplice de la desgracia de los tres, manchándose de sangre de arriba abajo…

La otra remedia en levantarse, pero la sangre -que ya no sabe si es suya, del venado, de él o de la mujer- corre como nunca, entonces decide levantarse. Frágil, sin color, fría, propicio a la escena de fluidos sanguíneos saturados por ahí, resuelve mirar al hombre llorando en su silla, parece una escena casi tierna. El hombre sabe que la otra se ha levantado, pero no hace nada, puesto que prefiere ver a la mujer, quien lo mira desde adentro, asegurándole que -una vez más- que la vida que gestaba se ha ido para no volver más.

La otra busca. La otra procura. Se imagina el dolor que le ocasionaría sacar el cuchillo para carne de venado clavado en su pierna, y prefiere ni mirarlo, pero camina, lento.

Se seca el sudor inexistente y camina apenas en la habitación. El hombre la mira y no la mira, está cansado. La mujer sigue en el piso, abrazando su vientre, acariciando la sangre que sale de ella… Tibia, suave, espesa…

La otra decide coger otro cuchillo que está por ahí, el hombre la ve, se escucha una risita.

-¿Qué crees? -Pregunta-
-¿Me quieres matar? -Insiste-


Piano.


Ella camina hacia él, no tiene miedo, está tan cerca y tan lejos… Él se levanta, la mira, ella intenta lanzarse sobre él con el cuchillo y con un golpe de bestia la empuja sobre la mesa, el cuchillo desaparece entre toda la tragedia, el hombre la ataca, se abalanza, y con la música sonando dentro de ella, el hombre le quita el pantalón, le saca las bragas y antes de que pueda si quiera intentar evitarlo, el hombre la viola, la toma, la posee, la escupe, la acaricia, la besa, la empuja con fuerza y el cuchillo para carne de venado se entierra tan al fondo como él. Ambos, cuchillo y hombre, enterrados tan al fondo, que ya ni duele.

Todo termina, todo es un bosquejo de gente, de sangre, de lágrimas, de semen.
Si una no pare su descendencia, la otra lo hará, y así sucesivamente.
Ganas de muerte y ganas de vida. La mujer y la otra se ven juntas, como una, compartiendo sangre, compartiendo heridas, compartiendo vidas.




12 nov. 2011





Voy a amarte hasta el día en que deje de amarte...





3 nov. 2011

Querido Wolfango (siete)




Es un estúpido!!!!! Lo detesto!! He llegado al punto en que ya no puedo más y: -o voy a cometer un asesinato- o: voy a drogarme con pasto hasta que se me pase el odio visceral que siento por este individuo!!! Y vos qué me miras Wolfango! Según tu esquema de 2 pesos mis pensamientos deberían estar ligados a mi comportamiento junto con mi cuerpo y estos tres a su vez crean un sentimiento, no?? Me pregunto... De dónde sacaste esta mierda?? Me dijiste que era una corriente gringa recién nacida, no?? Boludeces Wolfango! Yo prefiero tus métodos de tortura tradicionales!!! Tú eres de la vieja escuela, y allí deberías quedarte... No vengas con tus cuentos de la "nueva era" que no te quedan viejo decrépito!!!!

Me cuesta respirar por el odio que siento... Quisiera clavarle dos tenedores -de plata- en sus dos horrorosos ojos cafés! Quisiera que sepa en vivo lo que pienso de su boludéz extrema y de su fracaso como ser humano viviente!!!!! Palabras me faltan, insultos me sobran!!! Es -fuera de dudas- uno de los seres más repugnantes que he conocido (creo que incluso más que los cuervos)... Pero ya, pasemos a los hechos...

Desagradables casi dos metros... Ese pelo grasiento que se lava qué se yo cuántas veces al mes! Esa enorme y descomunal barriga (llena de salamis y cognac), esa voz de buen tipo -que cree ser- esas manos gigantes que sólo tocan barbaridades, esos descomunales boxers y el (no quiero ni imaginarme) horrible miembro dormido que cuelga entre sus piernas y que seguramente funciona sólo frente al ordenador cuando se masturba mirando a mujeres desnudas que jamás se acostarían con él (probablemente ni por dinero)...
Esa soberbia, esa superioridad, si tan solo reventara su burbujita y se diera cuenta de cómo es el mundo real?! -Perdón- él lo sabe todo, pero claro, como es superior a los demás, no tiene porqué preocuparse... Será solo el día en que se vea completamente sólo, abandonado por todos, por sus contactos, intereses, amantes imaginarias, hijos que perdonan...

Wolfango, no sirves para nada, aunque hoy, sirves para algo.





1 nov. 2011

De los arrebatos de noviembre (una vez más)



Sí! Quizás con esta entrada declare -una vez más- la estupidez humana y firme en los puntos sellados mi renuncia al mundo como lo conozco y mi muerte rápida venga ya! Pero de la misma forma en que firmo el contrato de mi muerte, me gano el Cielo -una vez más-  porque gente como yo no compatibiliza con el mundo! Fuera de pretender sonar más emo que Kudai, acá les va mi relato.

Hace meses que intento encontrarme a mi misma, y a través de la gente encuentro pedacitos que me llevan a mí... La cuestión es que -siempre lo he sabido-, pero hay gente que no merece una sonrisa, no merece una caricia o una mirada de amor; hablemos pues de Andreas. Andreas es un tipo que se consolidó como jefe supremo de si mismo relativamente joven (como a los 40) y qué va, realmente joven! Tiene un imperio turístico bajo sus pies, gana mucho más de lo que cualquiera que lee este blog gane (o la misma que escribe) y tiene una vida fácil, (por no decir regalada). Andreas tiene tres hijos; dos niños y una niña, los tres son engendros del Demonio -pero los amo- Andreas seguro, que los ama "a su manera" en fin.
Hace ocho años, en el momento de la concepción del segundo niño, los cromosomas se jodieron, la pasión rebalsó, los cables se cruzaron y ahí, en ese instante la vida de R comenzó a gestarse. R es un niño de siente años y tiene una enfermedad congénita (además de muchos problemas aparte), pero a pesar de eso se las batió y nació vivo. R estuvo internado en el ala neonatológica/pediátrica de un hospital para ricos durante 11 meses! Vivió y vive... Uno que ve la historia de afuera piensa que quizás ese niño no debería haber nacido, pero al final, quiénes somos nosotros para decretar quien vive y quién no? La cuestión es que este pequeño de siete años es más dulce que cualquiera, y pese a toda su discapacidad es muy inteligente y tiene la sensibilidad a flor de piel, por eso es que nos parecemos, por eso es que él también es especial...

Andreas... Para Andreas ser padre es depositar unos cuantos miles de euros en la cuenta de sus hijos, comprar salamis de supermercados orgánicos, tomar cerveza checa y tener -todo el tiempo- los últimos avances tecnológicos que se puedan conocer... Eso es ser padre para Andreas. Lo que no sabe (o no se da cuenta), es que sus otros hijos lo idolatran, lloran y ríen por él, pelean por su afecto... Él está satisfecho, porque al ponerles un estúpido video en la mega televisión de 40 x 40 metros se cree el mejor padre del mundo! Y qué hace con R? Lo ignora, -incomoda- el niño tiene que rogar por verlo a él, por sonreír, por competir con los otros hermanos... Ese no es mi trabajo, -pienso-. Si no lo hago yo, entonces quién?

Por eso, por eso no creo en la compatibilidad... Por eso es que no existe la misma, por eso es que ya no doy más.