29 nov. 2009

Pequeñas delicias de la vida conyugal



-         Colguemos el cuadro de A Garota de Ipanema en el rincón azul.
-         ¿No iba a ser guindo? ¿Guindo y terracota?
-         Aja, pero es que el marco del cuadro va más con azul. Te escribí eso en el mail, ¿no te acuerdas? Dijiste que no importaba el color al final…
-         No, dije que el color no importaba, mientras lo aprobáramos los dos. Yo nunca aprobé azul.
-         Yo nunca aprobé guindo…, ni terracota.
-         El guindo estaba fuera de discusión, desde hace más de tres años.
-         Hace tres años, me gustaba el guindo.
-         ¿Ya no te gusta?
-         No es que no me guste, es que ahora me parece que el azul quedaría mejor.
-         ¿Por qué no el guindo?
-         Porque lo vi en una revista, y no me gusta cómo queda.
-         ¿Qué revista?
-         Una.
-         ¿Cuándo?, ¿y porqué no vi la foto yo también?
-         Hmm… ¿No sé?
-         Ya, ¿entonces porque viste en una revista que no te gusta el guindo, decidiste -tú sola- cambiar de guindo a azul?
-         Vos estabas en Sussex.
-         ¿Y?
-         Y eso, estabas ocupado, -como siempre-.
-         ¿Qué? ¡La ocupada toda la vida eres vos! Te dije mil veces de ir a Ikea en Dusseldorf cuando estaban haciendo la venta de invierno; -no te dio la gana-, y lógico, yo no me fui sólo a Ikea para comprar lo que a mí me pareciera, ¿no?
-         Era que vayas pues.
-         ¿Qué te acontece? ¡Así no son las cosas! Se supone que tenemos que decidir juntos, pero tal parece que la pared ya es azul.
-         No. Y bueno, si tanto te fatiga, que sea guinda, rosada, anaranjada o café; me da igual.
-         ¡¿Qué te pasa?!
-         Absolutamente nada.

Te tocas la barba, me miras y sonríes con ironía, no crees que está pasando.

     -     Honestamente…, me da igual. Igual siempre terminas haciendo lo que te da la gana.
    -   ¿Yo? ¿Yo hago lo que me da la gana? ¿Quién se fue a Tenerife hace un mes para conocer a un     desconocido? ¿Quién se fue DOS, no una sino DOS veces a Lyon a comprar literatura barata que resultó ser más cara que la mierda? ¿Ahh?
      -   ¡Ja! No lo puedo creer. ¡Haz lo que quieras!

Pienso… “Como siempre” ¿cómo siempre?

     -   Hey. Basta…, puede esperar. Dame el cuadro, el marco es combinable con azul, guindo, amarillo, naranja o rosado… ¿No ves el marco?
       -    Sí, lo veo.

Caminas unos metros. Buscas el disco en cuestión, lo insertas en el equipo de música y las primeras notan comienzan a asomarse.

Abro la mejor botella de vino (from Portugal, yeah baby), saco dos copas (those brazilian ones, amazing)!!  Te miro mientras intento descorchar la botella, las disculpas otorgadas flotan en el aire.

      -    Te amo.
      -    Yo a ti, ¿bailamos?
      -    Sí, ¿luego me haces el amor?
      -    Por supuesto…


Olha, que coisa mais linda, mais cheia de
graça, é ela, menina, que vem e que
passa, num doce balanço, a caminho do mar.
Moça do corpo dourado, do sol de Ipanema, o
seu balançado é mais que um poema
é a coisa mais linda que eu já vi
passar...


2 nov. 2009

Feliz día de los muertos!!

El olor a mierda de gato es el menor de mis problemas.
Tengo que pensar -pensar claro-, y hacerlo rápido.
De repente me veo reflejada como la protagonista antagónica de todas las películas de horror que he visto hasta ahora; quiero ser -soy- la verduga en cuestión; la única diferencia es que ésto no es una película, tampoco un simulacro, sino que me está pasando.

Siempre me he jactado de tener un humor pulcro a la hora de elegir víctimas imaginarias. No lo hago al azar, es toda una ciencia. En mi imaginario, yo soy la buena, aunque a veces la mala; o mejor entiéndase que soy la mala pero para el resto soy la buena porque nunca me van a descubrir. Way too good to be true.

Dos víctimas. No, yo soy la víctima, ellos solamente pagaron por lo que me hicieron a mí -y a los demás-.

A Gustavo siempre le gustaron los gatos. Prefería los arrabaleros, los criollos, esos como atigrados, casi tan fieles como perros. Muchas veces se quedaba debajo de la lluvia cerca de una gata del vecindario; intentando convencerla de que entre a la casa. Nunca lo logró, la gata al final se murió.
Miguel -en cambio- era más entregado a los perros. Tenía dos pointers, como una suerte de tradición barbárica familiar. En ciertas épocas del año, cargaba a los dos canes en su camioneta y se los llevaba a cazar perdices. 
Miguel y Gustavo pueden ser hermanos, mas no se parecía en nada físicamente, ¿o sí? No sé, no me importa.

Como pseudo novia de ambos, han habido temporadas en que los tuve a los dos comiendo de mi mano. Al principio no concebía cómo era posible que los hermanitos me compartieran; lógico, me sentía superior a todas las chotitas con las que estuvieron o estarían, pues YO estaba con ambos.
Lejos de sentirme utilizada, me sentía dominante -no dominada-. Hacer el amor con ambos el mismo día era extraordinario! Nunca accedí a hacer un trío, (ellos querían), pero yo no, "no es mi estilo", les repetía, pero las veces de “en la mañana con Tavo y en la noche con Miguel” eran espectaculares. Ya, ya. Voy al grano.

Hace unas semanas, éstos imbéciles decidieron violarme ¿puedo utilizar el término? Supongo que sí. Me violaron entre los dos, tengo flashes violentos que calmo con ampolletas intramusculares de Valium y a veces con ron… Nadie me creyó. -Es que tampoco se lo conté a nadie-, porque todos saben que me tiré a los dos hermanitos; entonces es poco coherente “denunciarlos”. Creo que ahí es donde comenzó mi descenso al Averno del lado más oscuro de mi ser… Llegué a odiarme de tal manera, que al no saber cómo canalizar el odio a mi misma y a mis abusadores, comencé a ingeniar ideas espectaculares de muertes súbitas.

Primero los pointers; Miguel pensó que los envenenó algún vecino -los perrotes siempre ladraban y molestaban a todo el vecindario-. “Oh, oh, qué pena, qué horror, enterremos a los canes antes de que comience el mal olor”… convertí esa frase en una canción que me duró dieciocho días exactos. Luego pensé en cómo deshacerme de los gatos…, me daba algo de pena porque me gustaban y eran chicos -excepto por la madre de los tres que caminaba sigilosa por todo lado-, además, Gustavo siempre fue “el bueno” y Miguel el…, no malo, pero digamos que sí el estúpido.

Una tarde, echados yo y Miguel en su cama lo consolé diciéndole que podía conseguirse nuevos pointers. Miguel se enojó tanto que no quiso coger de nuevo “your lost”. ¿Rechazarme a mí? -pensé-.
Yo maquinaba qué hacer. Visitaba mi Averno personal todos los días para llegar a alguna conclusión. Matarle los perros a Miguel y los gatos a Gustavo, no me devolvería los días tranquilos en que me cogía a ambos hermanos; la sensación de haber sido violada por ambos me remordía entera y despertaba en mí deseos oscuros…, muy oscuros. Es que más allá del simple hecho de que consiguieron lo que buscaban, no aceptaba -no acepto- el hecho de que me hayan violado. Hijos de puta.

Ahora, en este momento pienso; en cómo fui tan idiota al seguir con ellos después de lo que pasó! Si bien nadie hubiese creído mi versión de que en efecto yo fui la víctima; tal vez hubiese podido -al menos- bajarle los humos a los hermanitos hacíendolos mierda por un tiempo…, pero es tarde, es tarde, y al sentir el olor de la mierda de gato por toda la casa me cuestiono sobre qué es lo correcto y qué no…, qué fue, qué no fue…, qué hice, qué hicieron.

¿Qué pensará mi mamá? ¿Mi papá? ¡Mi hermano tendrá que volver de Inglaterra para consolarme! ¿O se quedará allá por la vergüenza?
Estigmatizados ya estamos!!! Estoy… Cuando entre la policía y vea a los hermanitos con balazos certeros en sus vacíos cráneos… ¿qué pensarán? Las almohadas de plumas están llenas de tejido…, nervioso, muscular, sanguíneo… No sé porqué Gustavo sangró menos que Miguel, si básicamente el balazo fue en el mismo lugar. Nuca vs. Nuca = bien muertos. Es que la que se hueveó fui yo! No sé qué pensé. Los cuerpos huelen mal, los ojos de ambos están hinchados y no sé qué huele peor… ¿los putrefactos cuerpos? ¿O la putrefacta mierda de los gatos? Y no paran de maullar. ¡Venga que los ahogo! No, no. Muy macabra sería la escena…, dos cuerpos masculinos que llevan más de siete días muertos, ¿y cuatro gatos ahogados? Hey, I’m not that evil. Enfatizo el “that”, porque Miguel y Gustavo merecían la muerte. Más que los pointers y -por supuesto- más que los gatos no tan alcúrnicos como su occiso dueño.

¿Qué hago? ¿Llamo a la policía? ¿Quemo la casa? ¿Descuartizo los cadáveres y los entierro con los perros? -No, qué asco-.

¿Me pego un tiro? No. ¡Cómo pues! Cuando llegue la policía van a encontrar dos cadáveres de dos tipos, descompuestos hace más de una semana, y el cadáver de una mina con unas 48 horas de descomposición? No way! Ahí atan cabos y seguro salen con que los maté yo…, la mierda, ¿y mis viejos?, ¿mis amigas?, ¿mi hermano? Estoy cagada.

¿A quién le echo la culpa? ¿Alego demencia?

¡Ya sé!, hmm no, mejor no.

Por eso digo…, en éste momento, el olor a mierda de gato es el último de mis problemas…