11 abr. 2011

Sórdida Camélida



Quiero cogerte nenita… Quiero sumergirme en tu piel y en tu pelo que huele a gloria cada vez que lo revuelves cerca de mi cara atónita de impulso… Quiero tomarte y quitarte la ropa; imaginarte y luego ver tu desnudez completa; esas pecas preciosas, esas caderas -que dices tú- son imperfectas, esos pies de colores, tu cintura infinita, tu sexo generoso y completamente obsceno… Pasar por tu cuerpo con mi lengua afilada, darte placer en todas tus guaridas y amarte como esa vez, ¿te acuerdas? Un Safari en África para no olvidar… Miradas de complicidad entre las pieles de animales inanimados, sesiones de amor en alfombras tupidas y orgasmos húmedos como tu boca y la mía… Besos de competencia…, lamer esos dientes es la perfección mi amor… Descubrir esas marcas que sólo yo y unos cuantos conocen, pero que ahora me pertenecen… Bajar por tu espina dorsal como si fuera el caminito al cielo… Marcar mis dedos en tu cintura, en tu espalda, lamerlos y acariciar tus pezones, mientras muerdo tu cuello y siento la humedad que se alborota entre tus piernas… Quiero cogerte nenita. Hoy y mañana, y ayer y antes y mucho antes y mucho después, cuando niegues lo que pasa y pasaba, cuando yo piense en otra persona y tu califiques los mejores orgasmos de tu vida. No importa, sé que tendré un excelente puesto mi vida… Amor, eres mi flor protegida, sexo puro que genera amor, por eso es que hacemos el amor…, día y noche, sin inhibición. Beso tus axilas y lamo tus brazos, mis gemidos se confunden con los tuyos, se unen en una sinfonía casi insoportable de placeres a veces impedidos… Pero al final ambas sabemos que yo soy tu éxtasis y tú eres mi protegida…

Nenita… Quiero hacerte el amor todos los días…


8 abr. 2011

Paralelo II



Al fin entendió que las cosas tenían que ser así y no como las esperaba desde que tenía uso de razón.

El pulso le temblaba, pensaba que era por la tremenda cantidad de hierba y ácidos que había combinado, o quizás por el  frío infame que ahora sentía, luego de haber sentido el calor en todos sus niveles, formas y colores.

Todo su cuerpo olía a ella; su pelo negro todavía acariciaba las terminaciones nerviosas de su organismo, sus ojos enormes, tan grandes que parecían animalescos, le recordaban a esos lemures que salen en documentales de televisión. Sus labios, el sabor de sus labios y de su lengua suave, la yema de sus dedos y de ese cuerpo pequeño y enorme al mismo tiempo, esa cintura, esas caderas, esas piernas casi perfectas y esos dos pequeños pechos, los más hermosos que había visto… El olor de su sexo y su ombligo coronando el estómago de la mujer que tanto deseaba… Se preguntaba una y otra vez si había traspasado el halo hacia el paraíso y si esta vez no estaba loca; sino que las cosas se habían tornado hacia su favor. El deseo que sentía por ella, cambió -súbitamente- hacia una ternura, amor y compresión impenetrables: estaba enamorada. En su mente combinaba las posiciones eternas que habían compartido horas antes; contorsiones de amor extravagante y lenguas de fuego cruzadas por arriba y por abajo, dentro y afuera, puro sexo, traspirado por ambas en el orgasmo más sublime que podían crear.

Todavía camina nerviosa, piensa en cómo decirle que para ella no fue una travesura, que para ella, hacerle el amor a su amiga significó la gloria, y que la ama más que a su vida, que la desea desde hace mucho y que jamás pensó en que traspasaría la veta que su morbo separaba de su imaginación… Se besa las manos, evocando su olor… Se toca el pelo y cierra los ojos, gime, jadea, intenta revivir con sonidos toda la pasión…
 
Y espera…, mientras la figura sublime de su amor yace acostada,  ansiosa, espera…