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Mostrando las entradas con la etiqueta Poesía

Eso quiero

Quiero que me quieras por lo que soy. No quiero que me quieras por mis labios suavitos. Tampoco por la división perfecta que hay entre mis dos minúsculos pechos. Mucho menos por mi ombligo salvaje. Quiero que me quieras por todo lo que fui, soy y seré. No por las tardes que caminamos de la mano. No por las noches interminables de deseo, susurros, palabras in-en-ten-di-bles... No porque conozcas todos mis pecados, o todas mis virtudes... No. No por las veces que llovió estando juntos. Ni por las canciones y videos inventados... Canciones en francés, inglés o lo que fuera... No por el opio. No por los ácidos. No por la verde. Quiero que me quieras por todo lo que represento. No por los tatuajes. No por los lamentos y las risas. Tampoco por los gatos o los perros. Ni por los roedores. Ni por la perfección de tu silueta sobre la mía. Ni por tus gemidos, (o los míos). Ni por las direcciones, ni por las tabletas. No. Quiero que me quieras porque soy l...

Para mi amor

*Elegía (no perdono a la muerte enamorada...) (En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha muerto como del rayo Ramón Sijé, a quien tanto quería) Yo quiero ser llorando el hortelano de la tierra que ocupas y estercolas, compañero del alma, tan temprano. Alimentando lluvias, caracolas y órganos mi dolor sin instrumento, a las desalentadas amapolas daré tu corazón por alimento. Tanto dolor se agrupa en mi costado que por doler me duele hasta el aliento. Un manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible y homicida, un empujón brutal te ha derribado. No hay extensión más grande que mi herida, lloro mi desventura y sus conjuntos y siento más tu muerte que mi vida. Ando sobre rastrojos de difuntos, y sin calor de nadie y sin consuelo voy de mi corazón a mis asuntos. Temprano levantó la muerte el vuelo, temprano madrugó la madrugada, temprano estás rodando por el suelo. No perdono a la muerte enamorada, no perdono a la vida desatenta, no perdono a la ti...

No me duele

No me duele que la ames, que la idolatres, que la contemples mientras duerme. No me duele que cada día le digas que está radiante, hermosa, que es una diosa. No me duele que le entregues mares de "te amos" todos los días, ni que para tí sea la mejor mujer del mundo. No me duele que cuando le hagas el amor sientas que no hay otra mujer para tí. Que sea un momento eterno entre ustedes dos, y que el resto del mundo queda extento para siempre. No me duele que le acaricies la piel y que le huelas el pelo todas las noches, que tus labios traspasen la barrera de lo divino y que tus dientes sientan su lengua. No me duele que escuches sus silencios como si fueran los únicos en tu vida, ni que acaricies sus colores en las madrugadas. Lo que me duele es que ella no soy yo.