27 ene. 2012

La Margarita



He sellado mi muñeca izquierda porque no soy zurda, soy derecha. La he sellado con tinta, hilos, juramentos, un par de lágrimas y risas. La he sellado para que mi mano derecha no se avispe y vuelva a descocerla! La he sellado, porque así, la izquierda se queda nula -casi manca- y no logrará desarmar a la derecha... La he sellado, tal y como si fuera un mecanismo de defensa.

Los hilos se confunden en colores; unos tonos apenas grises con fuertes verdes y azules, un cielo detrás de la que fuera la mano del anillo, del compromiso, del enamoramiento de retrasada mental al que era sometida...

La izquierda no opina, la derecha decide, la derecha manda y acaricia algunas noches a la izquierda dormida que -por estar sellada- tiene menos privilegios, casi como un pecesito dorado que, sin saber, bucea toda su miserable vida en una pecera.

Ahora, en la muñeca que he sellado con hilos, colores, lágrimas y risas, nace una margarita, se va para arriba buscando el calor del sol, el viento de la tardecita, la humedad de la madrugada y la música ya no tan vacía.

Ahora la izquierda cicatriza.