11 jul. 2011

¿Barcelona o París?

¿Porqué te sigues dando de latigazos frente al que no importa?

Como un reloj cucú, esperando a que salga el maldito pájaro y ver su diminuta belleza que dura unos cuantos "cucús"

Y si de una vez entierras al muerto, este no viene por las noches a susurrarte por la oreja que -aunque muerto esté- ¿nunca va a dejarte?

O como cuando caminabas por las calles en Bruselas y todo te parecía tan francés o tan flamenco que en tu fuero intento, ¡pretendías ser de la realeza!

Si me ves, te he amado, si te veo; ya no sé

Si un par de ácidos te han dejado así, ¡imagínate lo que un par de antiácidos podrían hacer!

O quizás, si al despertar una cualquiera y común mañana te has dado cuenta de que el que duerme a tu lado no es más que un posero políglota, enfermo de ti y de mi... ¿Lo seguirías en su trajín?

O si camininando por las calles estrechas te topas con algún checo y decides formalizar -mentalmente- aquella ecuación de la que huyes?!

¡O mejor aún! Si decides defecar el ticket aéreo que por motivos ajenos a la importancia de estas palabras sigue en tus tripas, y bien lavado con limón sigue fiel a su camino?

¿O que las películas no se estrenen? ¿Se velen? ¿Se carcoman en sus lentes tridimensionales?

¡O hasta más dramático! ¡Que amanezca con las venas al ras del hueso por puta y escandalosa!

Barcelona o París... ¿Qué más da?