20 ago. 2010

Efecto ovillo, se llama

Cuando la voz se me enreda entre las cuerdas vocales por tratar de camuflar los tuyos. (Murmullos).

Cuando en las mañanas desayuna whisky con marraqueta para evitarse el tufo.

Cuando se queda mirando una foto y se incluye -pudorosamente- en esa acción de hace tantos años.

Cuando la tecnología lo derrota con un video tan estúpido que hasta lo nivela.

Cuando se droga -con lo que sea- para no sentir los gritos callados que ya no suenan más.

Cuando se acuerda de Europa y su supuesta superioridad.

Cuando la Cocker Spaniel rodaba las escaleras para luego vomitar las entrañas mismas.

Cuando por primera vez fue donde una puta y ambas justificaron el hecho.

Cuando su retoño casi gana una carrera pero salió segundo -por su culpa-.

Cuando reventó contra el piso las joyas de la corona; de la corona de una de las princesas que tenía.

Cuando le reventó el ojo a un can por ser de Izquierda.

Cuando se le sirvió comida temblando, y ambos -él y la escopeta- la miraban.

Cuando se le dijo "basta" y dijo: ¿"por qué"?

Cuando al escuchar el himno nazi -equívocamente- se emocionaban las tripas ajenas y propias.

Cuando al reventarle la cabeza a un animalito le causó gusto más que espanto.

(No hay lágrimas que alcancen).

Cuando le dejó el ojo en tinta a una de las mujeres de su vida y sumisa ella, lo perdonó.

Cuando defendió a Mussolini y a Pinochet en una misma charla.

Cuando sus vástagos pensaban ser así cuando crecieran.

Cuando un beso cálido de buenas noches se convertía en una húmeda pesadilla de casi 50 minutos.

Cuando puta era el sinónimo de valiente.


Cuando al fin me anime a halar el gatillo... Ese es el efecto ovillo.