30 abr. 2007

Probablemente lo sabía, o quizás no. La cosa es que lo hizo.
La atacó sin piedad, la apuñaló dos veces por la espalda y cuatro más por el pecho. Pero la condenada no moría, seguía escapando de su realidad, aunque sangraba de rato en rato...
Se detuvo un rato, pensó para sí misma que era imposible aniquilarla, con seis puñaladas ¿y seguía viva? No... esto es obra del Demonio, pensó. Se dio la vuelta y comenzó a caminar, pero instantes después se dio cuenta de que la condenada la seguía, ¡moribunda! Pero la seguía... ¡Carajo! Pensó. Se dio la vuelta hacia ella y comenzó a apuñalarla de nuevo. En la cara, en el vientre, en las piernas... y sangraba, pero no moría. Mejor ignorarla, pensó.
Siguió caminando y la agonizante la seguía, la seguía... un instante después paró de sangrar, fue entonces cuando soltó el puñal y pensó que: "nunca se desharía de ella", entonces aceptó que esa figura amorfa se uniera de nuevo a ella. Ella y su sombra, y pensó: "jamás tan cerca arremetió tan lejos"