27 jun. 2012

Hecatombe feliz




El otro día mientras estaba parada en el bus yendo a mi casa, vi a un hombre negro entrar al mismo, pasar por mi lado y pararse cerca de mí. Luego, éste se dio la vuelta y saludó a otro hombre negro que estaba sentado cerca. El saludo fue un coloquial “hi” ambos se miraron, movieron la cabeza con aprobación y eso fue todo. Los hombres en cuestión no se conocían, puesto que el sujeto B (el segundo), bajó en la siguiente estación acompañado de su pareja, una mujer blanca latina hablando en cantado español. El sujeto A era africano.

Los negros en el mundo entero tienen un compromiso en el saludo. “Hey, hola, hi, sup”. Siempre está ahí el código de honor: “somos negros, somos minoría racial en este lugar, toca cuidarnos las espaldas”. Quedé prendada de la simplicidad de ese saludo, de la confidencialidad entre ambos por el hecho de ser negros. Quedé sumida en un medio trance de: “negra quiero ser”. Entre los blancos no existe esa intimidad… Somos blancos y estamos solos, "toca ayudarnos, cuidarnos las espaldas" -no-… Qué pena, qué tristeza, que feo. La incompatibilidad del mundo con mi persona (y supongo que cientos más) hoy, 27 de junio, se ha visto forzada al filosofeo de antes, al profundo, donde una termina cansada, agotada de amenazas de llanto, berrinches de chiquita y ganas de mandar todo al diablo.

Al final estamos solos en este viaje…

Al final uno aprende tarde lo que debió aprender temprano…

Al final uno tiene el cerebro por aquí y el corazón de pollo por allá…

Al final mañana Alemania e Italia jugarán sin importar quién gane…

Al final los cientos de perros callejeros asesinados en Ucrania y Polonia para embellecer esta Copa, seguirán no más siendo cadáveres blandos pudriéndose al sol y nadie hará nada para remediarlo…

Al final en los orfanatos para niños especiales en Bulgaria seguirán atando a los niños de pies y manos para mantenerlos quietos -sin importar las secuelas que esto les deje-…

Al final el fin de semana ojearé una revista de chismes emocionada por quién se casó, quién se operó y quién se separó…

Y es que las frivolidades y las tragedias han encontrado en mi psiquis un equilibrio vertiginosamente perfecto; añado lo de vertiginoso, porque no entiendo cómo puedo vivir como vivo en este mundito que se acaba un poquito más.

Las matanzas en el Congo… Igual no más seguirán…

El tráfico de marfil y cuernos de rinoceronte en Uganda, igual seguirá…

La prostitución infantil en Cuba… Igual seguirá...

Pero eso no impedirá que el fin de semana tome el sol (si es que sale), me tomes unas cervezas, me vaya de bailongo y haga el amor con mi novio…

En esa hecatombe vivo, y vivo bien, y vivo con la conciencia tranquila porque: yo no mato a los perritos, ni trato mal a los enfermitos, ni trafico el marfil, ni mato congoleses, ni manejo prostitutas infantiles ¡no! Yo solamente convivo feliz con el hecho de que todo eso y peores cosas existan...

No más filosofeo profundo sobre mi incompatibilidad con el mundo señores, porque vamos, si sigo viva, es porque quiero. Y como quiero, escribo, y porque escribo, publico y así sucesivamente.

Me retiro, tengan buen día...