30 mar. 2012

La balanza de la vida



Después de la tragedia humana de la que se ha nutrido estos últimos días, se dispone a encabezar las estadísticas de gente buena que camina sobre la faz del planeta.

No roba, no miente, no bebe, no insulta, no le desea el mal a nadie y de pronto se siente menos viva.

Los acontecimientos absorbidos por su mente en las últimas semanas, han logrado convertirla en la persona que es hoy, pero quizás no en la que será manana, (por cuestiones de ética mental) y, mientras mira desde su escritorio las calles regadas por esa lluvia helada de marzo y piensa en mejorar el currículum de la Tierra, simula que no existe y que la sierra eléctrica cortando esa cabeza es solo una invención de su magnífica pero traicionera mente.

Le pagan para enaltecer las noticias, para pintarlas más macabras de lo que son y -en el peor de los casos- para decorar las notas rojas con precisas despcripciones del cómo, cuándo, donde, porqué y con qué.

¿Cómo? Con saña, maldad y precisión de carnicero amateur.
¿Cuándo? Todos los días, sí.
¿Dónde? En México y el resto del mundo.
¿Porqué? Porque sí.
¿Con qué? Con una sierra eléctrica y el cuchillo del Diablo.

Toma un sorbo de su café un tanto frío y recuerda el desmadre que significó hacer una tesis digna de ovación de pie por todos. "Estudios culturales" que, en realidad la han desculturalizado. Ganas de aprender más con mentores superiores que puedan enseñarle cómo son las cosas en el mundo del periodismo, pero -luego de mucho tiempo haciendo lo mismo- descubre con horror que las cosas no son como las imaginaba y que cada día aprende menos que mas.

Asesinatos, homicidios, violaciones de todas las índoles, crimenes pasionales, raciales, sociales...

Una nota cuenta sobre el secuestro de una menor y la muerte de la misma bajo las manos de su captor con nada más que diecinueve puñaladas en el cuerpo. Ella entonces, coge la computadra y adorna la notica con un supuesto triangulo amoroso entre la madre de la criatura, el asesino de la misma y el padre de la finada, justifcando entonces la macabra acción del asesino que, -por voluntad propia- se ha internado en un psiquiátrico europeo. "No es lo mismo ser un asesino aquí que allá" se repite para calmarse.

Sin embargo, la noticia de los sicarios mexicanos decapitando a dos supuestos soplones la tiene intranquila. Le han dicho que desarrolle la noticia más sangrienta de lo que es. Le han pedido que analice el video e intente -en su nivel más morboso-, descifrar lo que los jadeos de la segunda víctima traducen. ¿Dolor?, ¿súplica? El hombre ha visto cómo decapitan a su compañero con una sierra eléctrica al mejor estilo de "Viernes 13" y ahora el turno le ha tocado a él. En el video el hombre pretende no ver a su compañero hasta que siente la sangre tibia sobre su pecho y estómago, y es entonces cuando se da la vuelta, observando por breves instantes lo que le depara el futuro por ser un soplón.
El sicario se acerca y comienza a decapitarlo con pasion, con ganas, como una graduación. Quien fuera más cobarde que aquel verdugo que filma lo que pasa, y hace a su vez de asesino con una capucha negra para no avergonzar a su madre porque él carece de miedo en su totalidad. Su tarea como periodista amarillista patito, se traduce en coronar al sicario como malvado asesino y a los decapitados como víctimas de la narcoguerra que hoy por hoy azota a tantos países latinoamercanos. Lo que la lleva atrás, cuando comenzó con su profesión, recordando la que fuera su primera nota célebre del brasilero que apareció con la cabeza destrozada cerca de un río en su natal Bolivia, ¿porqué? Por narcotráfico.

Toma un sorbo del café que ahora está helado. Mira por la ventana he inventa un motivo para sonreír, pero no puede.

El alarde de su profesión como periodista amarillista le ha dejado tan marcada la personalidad, que no puede sonreír y disfrutar de lo bueno que le da la vida, porque le espanta el horror de la muerte y el sonido de los jadeos de los agonizantes.

Y recuerda a los africanos de esas minas.
A las bebés chinas.
A los indios de tantos lugares.
A los terribles aborígenes australianos.
A la frágil balanza de la vida. De la decencia e indecencia, de lo bueno y lo malo. Entonces hoy de nuevo, decide ser del bando bueno de la gente que camina por la faz de la Tierra.